Ser genuinos nos abre puertas: Mi prima está convencida de que lo soy

En mi nuevo blog deseo compartirles mi responsabilidad de llegar a cada pueblo y nación, educándoles de la importancia de ser genuino. Dios ama todo de ti y desea trabajar con cada área de tu vida profundamente y no superficialmente.


Me dí a la tarea de estudiar sobre personas genuinas. Mi prima Loriana Martinez, quien entra a su escuela de Leyes este año 2020, me compartía que le agrada mi forma genuina de ser. Sin embargo ella es familia usted sabe, y me dí a la tarea de estudiar sobre ser genuina.


La autenticidad es algo que todos quieren encontrar tanto en los demás como en sí mismos. La falsedad no es un atributo deseable, pues nadie quiere ser conocido como alguien que no vive siendo fiel a sí mismo. Sin embargo, muchos no tienen claro qué realmente significa ser genuino.


Michael Kernis y Brian Goldman, pioneros en la investigación respecto al tema, comenzaron a estudiar las características de las personalidades más sinceras, definiendo la autenticidad como “el funcionamiento sin trabas del verdadero uno mismo”.


Winch afirma que la gente genuina tiene una autoestima sólida. Él señala que

cuando se trata de autoestima, demasiado no es bueno, “porque ese es el rango de narcisismo, ese es el rango de los arrogantes y orgullosos”.

Asimismo, una autoestima baja tampoco es positiva, evidentemente. En este sentido, los genuinos son aquellos que tienen una autoestima sólida y consistente, por lo que están menos a la defensiva acerca de las cosas en general. Pueden sentirse auténticos, ya que son mucho menos preocupados por las consecuencias de exponerse tal y como son, “porque se sienten bien con quiénes son”.


Un estudio publicado por Journal of Counseling Psychology que analizó la “personalidad auténtica”, y sus rasgos, respaldó esta situación. Ellos encontraron que las personas que expresaron un alto sentido de autenticidad también mantenían los niveles más altos de autoestima.


La personalidad genuina prioriza las relaciones sanas.

Son personas descalzas de falsedad, libres de prejuicios e independientes a la hora de forjar sus propios caminos. Creen en el respeto mutuo, en el principio de la reciprocidad y en esos valores que hacen frente a la hipocresía. Estos perfiles se alzan como auténticos referentes capaces de inspirarnos, de motivarnos para ser mejores.


Hace un par de años la revista Forbes publicó un trabajo muy interesante sobre este mismo tema. En él se señalaba el hecho de que la inteligencia emocional es ya ese recurso básico al día de hoy con el que encontrar mayor satisfacciones a nivel personal y laboral. Sin embargo, en esta competencia basada en el mundo de las emociones hay una pequeña y curiosa «trampa».

La inteligencia emocional no sirve de mucho sin la personalidad genuina.

Esto es algo que podemos ver por ejemplo en los líderes de muchas empresas. A menudo, se les entrena en habilidades sociales, en asertividad, empatía y gestión emocional pero sin embargo, nada de ello llega a ser verdaderamente efectivo a nivel organizacional. Algo falla.


La persona carente de esa dimensión genuina donde habita la autoreflexión, la transparencia, la sinceridad y la cercanía no logrará nunca promover el capital humano de una empresa. No sabrá cómo motivar, no generará confianza ni creará un clima laboral donde sus palabras y acciones despierten admiración o inspiración.


Así, tal y como nos indica el genetista Dean Hamer, hay ciertos componentes biológicos que siempre deberíamos considerar. Por ejemplo, se sabe que hay un gen que se encarga de regular la cantidad de dopamina que se libera en el núcleo accumbens del cerebro. Esto haría, por ejemplo, que «genéticamente» estuviéramos más orientados a la motivación, a la búsqueda de experiencias placenteras e incluso a nuestra mayor o menor capacidad para ser felices.


Ahora bien,  los factores educacionales, el contexto sociocultural y nuestra experiencia siguen teniendo un peso directo. La personalidad es como una fabulosa escultura que se cincela partiendo de un material de mejor o menor calidad, a la cual se le pueden añadir otros complementos, otras técnicas para esculpir mejor cada forma, cada rincón, cada detalle.


Por tanto, uno puede venir al mundo con personalidad genuina ya definida. Sin embargo, con voluntad, apertura y adecuadas estrategias puede quitarse aristas y vacíos para conformar un jardín psicológico más fuerte, más auténtico e íntegro.

Practicar la sinceridad debería ser un hábito y una obligación personal.

Sin embargo, esta práctica tiene delicados matices.


* En primer lugar, la personalidad genuina se toma su tiempo para ser consciente de sus necesidades. Favorece un adecuado trabajo interior donde conocerse mejor, comprender sus límites y sus valías.


* Asimismo, es prudente a la hora de elegir todo aquello que va a comunicar. Hará uso de la sinceridad, pero también del respeto. Es hábil para expresar su realidad de forma asertiva.


* Por otro lado, la personalidad genuina no busca convencer a nadie con sus argumentos. Expone opiniones de forma directa, pero no necesita que nadie le dé la razón sobre lo expresado.


Motivación interna


Las personas genuinas y auténticas se mueven en base a sus ideales o creencias. No necesitan aprobación externa ni cumplir expectativas ajenas. De ahí, que el hecho de ser auténtico vaya también de la mano de ciertas dosis de valentía.


Habilidades de recuperación emocional


A veces, muchos de nosotros quedamos estancados en la orilla de las decepciones, los fallos, las pérdidas… Esos universos emocionales negativos que nos resistimos a gestionar frenan sin duda nuestro avance. La personalidad genuina, por su parte, ha desarrollado una adecuada capacidad de resiliencia, la cual, le permite aceptar esos estados, aprender de ellos y recuperarse para pasar página lo antes posible.


No pierdes en ser genuino, todo lo contrario ganarás los amigos correctos, la pareja idónea, la profesión correcta y los viajes más inimaginables que pudieras soñar. Les invito a crecer en esa área de su vida. Ser genuinos es lo mejor que nos puede pasar.


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